Por: Johan Andrey Acero Villamizar y Johan Alexis Ortiz Téllez,  Misioneros

Hemos pensado en el lema de la Jornada Mundial de las Misiones de este año, para titular este compartir de experiencia misionera en el territorio amazónico porque es lo que precisamente pretendemos hacer, hablar de lo que hemos visto y oído. Donde nos encontramos es un rico territorio lleno de historia, cultura y tradición, en el que hemos podido reconocer el rostro de Cristo, en primer lugar, en la basta naturaleza que armoniza y embellece nuestra casa común, en segundo lugar, en el modo como las comunidades indígenas reconocen a un Dios Padre Creador que los guía, cuida y sobre todo les brinda los frutos y herramientas necesarias para la vivencia, y en tercer lugar, en el amor con que los habitantes del casco urbano y sus veredas, sacerdotes, religiosas y misioneros, que han estado en esta parroquia, buscan contribuir a la construcción del Reino de Cristo.

Dios habla ¡escúchalo!  

Juntos coincidimos en que es muy fácil escuchar a Dios, sencillamente basta con callar y contemplar para lograr percibir la voz del Padre que se manifiesta en cada ser que habita esta tierra, somos invitados en el lugar y contexto donde estamos a descubrir esa voz del Padre que nos habla a diario y nos llama por nuestro propio nombre.

‘‘¡Los pájaros selváticos la gloria de Dios canten, y los húmedos bosques anuncien su grandeza!’’[1]. Nos da alegría saber que la Amazonia ahora está en los ojos del mundo, ya no como algo baldío, inexplorado y abandonado, sino como el tesoro y el pulmón de la tierra, aunque reconocemos que aún falta crear mucha más conciencia respecto a esto, somos testigos de muchos proyectos de diferentes ámbitos (no sólo religiosos) que se han interesado en crear conciencia y buscar dar una mano para respetar esta tierra sagrada. Innegablemente es una de las cosas que más nos ha impactado en este tiempo, y es cierto, no es fácil acostumbrarse al cambio de clima, a los insectos, o incluso al transporte fluvial, pero poco a poco se empieza a sentir parte del ecosistema, de ese pleno equilibrio de la creación, en ese sentido también quisiéramos ahondar en las personas que se han convertido en los guardianes de esta riqueza, nuestros hermanos los indígenas.

Sin lugar a dudas, también hemos experimentado un encuentro intercultural, las culturas propias de la Amazonía que desde tiempos inmemorables han vivido en una constante armonía con la casa común, donde incluso le piden permiso a la naturaleza para acceder a ella y con el compromiso fiel de devolver el doble de lo que tomaron, pensamos, ¿cuánto debemos aprender hoy nosotros de estas personas a quienes la sociedad señala de vivir estancados en el tiempo? «Aprendiendo de los pueblos originarios podemos contemplar la Amazonía y no sólo analizarla, para reconocer este misterio que nos supera. Podemos amarla y no sólo utilizarla, para que el amor despierte un interés hondo y sincero»[2]. Estas comunidades nos han enseñado a amar la creación; los animales, los árboles y ríos, a sentirnos uno con ella, a aprender a descubrir a nuestro Padre en la misma y valorar cada día más los lazos de una gran familia que trasciende apellido o descendencia, y esto último nos hace pensar en otro de los tantos modos en los que hemos podido experimentar la voz de Dios aquí.

Del mismo modo, hemos podido sentir la cercanía de quienes conforman el Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo – Solano, especialmente, el equipo misionero de la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes de Solano – Caquetá; los sacerdotes, las religiosas, los colonos; las 106 comunidades rurales conformadas entre veredas y resguardos indígenas, y a la final, de todos quienes hacen parte de esta gran familia, de ellos hemos podido aprender que independientemente del lugar de proveniencia, la cultura propia, y las vicisitudes históricas podemos crear lazos de fraternidad en el apostolado de instaurar el Reino de Cristo en medio de todos nosotros. Esto reclama la aceptación gozosa de que ningún pueblo, cultura o persona puede obtener todo de sí. Los otros son consecutivamente necesarios para la construcción de una vida plena[3] […] porque «el hombre es el ser fronterizo que no tiene ninguna frontera»[4].

¡Todos somos misioneros!

Después de compartir estas voces que nos han alentado a seguir cada vez con más esfuerzo nuestra misión, sabemos que en nuestra Arquiócesis han celebrado la Semana Misionera, por ello, desearíamos que más personas pudiesen detenerse, hacer silencio, y contemplar para escuchar la voz de Dios que nos habla a través de las cosas sencillas y cotidianas de la vida, para que descubramos que podemos ser misioneros no sólo yendo a lugares lejanos sino también en nuestras casas, parroquias, lugares de trabajo y donde quiera que nos encontremos. Podemos pensar que los ríos que bajan de las montañas son símbolo de los hombres que manan o van hacia sus hermanos después de haberse encontrado en la cumbre del monte con el Señor, seamos ríos, es decir, misioneros valientes y dispuestos en las parroquias o grupos apostólicos a los que pertenecemos, cristianos que llevan en sus aguas, vida y alimento para los otros.

Finalmente, agradecemos a toda la Arquidiócesis de Bucaramanga que nos han acompañado con su oración y cercanía, les pedimos amablemente que sigan orando por todas las misiones que se llevan a cabo a lo largo del mundo, especialmente en este territorio amazónico, pidiendo a la Virgen María que ella «haga nacer a su Hijo en todos los corazones para que Él brille en la Amazonía, en sus pueblos y en sus culturas, con la luz de su Palabra, con el consuelo de su amor, con su mensaje de fraternidad y justicia»[5].

‘‘Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestro ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos, acerca de la Palabra de la vida, lo que hemos visto y oído, eso se lo anunciamos’’ Jn 1, 1-3.

       Con afecto,  Johan Andrey Acero Villamizar y Johan Alexis Ortiz Téllez.

[1] Mons. Luis Augusto Castro, Ecología del Bosque, Ecología del Alma, 163.

[2] Papa Francisco, Laudato Si’, Carta Encíclica, 56.

[3] Papa Francisco, Fratelli Tutti, Carta Encíclica, 87.

[4] Georg Simmel, Puente y Puerta, 6.

[5] Papa Francisco, Querida Amazonía, Exhortación Apostólica Postsinodal, 66.

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2 comentarios en «‘‘No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído’’ Hch 4, 20»

  1. Doy gracias a nuestro Padre Celestial por toda las bendiciones recibidas para con nosotros, seguimos orando para que DIOS toque nuestros corazón y nos llene del Espíritu Santo para ser misioneros en nuestra casa empezando con nuestra familia, amigos siguiendo el ejemplo de lo que nuestro creador quiere que seamos un testimonio de amor a DIOS y nuestros hermanos 🙏🙏🙏🙏

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