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Primer Domingo de Adviento: Comienza el Camino de la Esperanza

    El Primer Domingo de Adviento marca el inicio de un nuevo año litúrgico para la Iglesia Católica y abre un tiempo profundamente espiritual: un camino de preparación, vigilancia y esperanza hacia la venida del Señor. Desde las parroquias, los hogares y las comunidades, los creyentes se reúnen para encender la primera vela de la corona de Adviento y renovar su deseo de recibir a Cristo, luz del mundo.

    Un tiempo para despertar el corazón

    El Adviento no es simplemente una antesala de la Navidad; es un momento para detenernos, revisar la vida y abrir espacio al Señor que viene a nuestro encuentro. Este primer domingo resuena con fuerza el llamado evangélico: “Velen y estén preparados”. Jesús invita a sus discípulos —y a cada uno de nosotros— a mantener el corazón despierto, libre, atento a los signos de Dios en medio de lo cotidiano.

    La liturgia de este domingo nos recuerda que el Señor viene de tres maneras:

    • En la memoria de su nacimiento, humilde y cercano, en Belén.
    • En cada momento de nuestra vida, cuando se hace presente en los sacramentos, en la palabra y en los hermanos.
    • En su venida gloriosa al final de los tiempos, para establecer definitivamente su Reino de justicia y paz.

    Prepararnos para esta triple venida es el sentido profundo del Adviento.

    La corona de Adviento: un signo que ilumina la espera

    En nuestras parroquias y hogares, la corona de Adviento se convierte en un símbolo visible del camino espiritual que iniciamos. La primera vela —conocida como la vela de la esperanza— nos recuerda que Dios no abandona a su pueblo y que Cristo es la luz que disipa las sombras del pecado, el miedo y la indiferencia.

    Encender esta vela es un gesto sencillo, pero lleno de sentido: nos compromete a vivir la semana con esperanza activa, con un corazón vigilante que se deja sorprender por Dios.

    « Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno. Por nuestro Señor. » (Oración Colecta)

    Celebración del Primer Domingo de Adviento

    Rito en torno a la Corona de Adviento

    «Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno. Por nuestro Señor.»

    Guía: En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Todos: Amén.

    Guía: Ven Espíritu Santo,
    Todos: Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

    Guía: Envía tu Espíritu creador.
    Todos: Y renovarás la faz de la tierra.

    Guía: ¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de sus consuelos. Por Jesucristo Nuestro Señor.
    Todos: Amén.

    Bienvenida y Bendición de la Corona de Adviento

    Guía:
    Una vez más nos reunimos, atentos al anuncio de la llegada de Dios Nuestro Señor.
    Se acerca la gran fiesta de Navidad, la fiesta del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén y en nuestros corazones.

    Preparémonos a recibir a nuestro Salvador reuniéndonos en torno a esta corona.

    Guía:
    Bendice, Señor, esta corona; que sea para nosotros un medio para preparar nuestra alma para recibirte.
    Que al ver su forma, entendamos que tú, Dios eterno, eres el principio y el fin de todo cuanto existe; y que su verde follaje nos recuerde la esperanza de llegar a recibirte.

    (Se enciende la primera vela)

    Guía:
    Que al ir encendiendo cada una de sus velas se disipen las tinieblas del pecado y comience a clarear la luz de tu presencia en nuestras almas.
    Que por el espíritu de oración, penitencia y sacrificio, la caridad en nuestra vida nos prepare para recibirte y anuncie a quienes nos rodean tu presencia entre nosotros.

    Palabra de Dios

    Guía: Escuchemos la Palabra de Dios.

    Lector:
    Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13, 33-37)
    Estad alerta, ya que no sabéis cuándo será el tiempo

    «En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
    ‘Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
    Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
    Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer:
    no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
    Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!’»

    Lector: Palabra de Dios.
    Todos: Gloria a Ti, Señor Jesús.

    Reflexión

    Guía:
    ¡Qué tiempo tan apto es el Adviento para penetrar en la grandeza y trascendencia de la vocación cristiana, porque ella se desprende del misterio de la Encarnación!

    Dios, en su decisión amorosa de salvar al hombre, quiere hacerse uno de nosotros; se entrega al servicio del hombre: siendo Dios, se anonadó a sí mismo haciéndose siervo, y en todo —menos en el pecado— semejante al hombre.

    Ante este ejemplo, ¿quién no se va a enamorar de Cristo? ¿Quién no va a entregarse a Él, gastando la vida en la dura pero sublime tarea de la Redención?

    Diálogo

    (Se guarda un momento de silencio. El guía motiva a los presentes a compartir breves comentarios sobre el texto bíblico.)

    Para concluir este diálogo, se invita a todos a realizar un compromiso concreto.

    Compromiso

    Guía:
    Pongámonos en presencia de Dios y meditemos:

    • ¿Cómo voy a prepararme para vivir este período de espera del Señor?
    • ¿Tengo algún plan concreto para vivirlo en familia?

    (Reflexión en silencio)

    Despedida

    Guía:
    Señor, gracias por reunirnos una vez más en torno a esta corona.
    Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte.
    Por Cristo Nuestro Señor.

    Todos: Amén.

    Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Todos: Amén.

    (Se puede continuar la celebración con villancicos y juegos.)