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MARÍA MADRE DE LA IGLESIA EN SINODALIDAD.

Pensar en la Santísima Virgen María como Madre de la Iglesia nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué María es icono de la sinodalidad? Y podemos acercarnos a esta respuesta afirmando que es absolutamente necesario por diversos motivos:

  • En primer lugar porque Dios quiso que una mujer participara esencialmente en la historia de Salvación, una historia que acontece hoy aquí y ahora y que no se puede hacer sin María que acompaña a sus hijos hasta la consumación de los tiempos.

  • Luego porque es Madre solícita, intercesora, interesada por el pueblo de Dios y cada uno de sus hijos. Intercede aquí y ahora.

  • Y en tercer lugar, porque es ícono para la Iglesia y para cada cristiano, especialmente a las mujeres, es el espejo al cual debemos mirar, es además, modelo de virtudes y de discípula del Señor.

Es por tanto, una necesidad para el camino sinodal, es parte intrínseca del proceso sinodal. Es imposible pensar que María no este caminando con nosotros, haciendo camino sinodal. María no camina a la distancia, sin involucrarse, ella esta metida en nuestro camino. Es por eso necesario mirarla y dejarnos mirar por ella como muchas veces nos ha invitado el Papa Francisco. Por eso es bueno tener claro que ella hace parte de este camino que hacemos juntos y decirle: Ven Madre y camina con nosotros.


Dios no quiso pensar a su Iglesia, a su pueblo, a su comunidad sin María. Ella camina con nosotros como Madre, maestra, modelo e intercesora. No solo modelo, es madre que enseña, y que también encarna virtudes.

Por eso es necesario reflexionar en dos pasos:

  1. María camina con Jesús y los discípulos

María caminó siempre junto – sinodalmente – a Jesús y los discípulos y lo hizo en su condición de mujer. El primer texto que hace a alusión a María es “Nacido de mujer” (Gal 4, 4-5), aquí es presentada justamente y solamente como mujer. Aquí no se menciona su nombre, pero aparece como signo de la pertenencia de Jesús a la raza humana, Jesús es humano, porque nació de mujer. María es la mujer de quien nació el salvador. Es fundamental para la salvación que Jesús halla nacido de Mujer, Dios quiso que la mujer caminara junto al proceso de salvación desde el principio, es ver a María la que camina junto a Jesús, es la Mujer sinodal desde el primer texto bíblico que hace referencia a ella.

Por eso, la misión de María en su vida y asunta al cielo es cooperar con Jesús y su Iglesia en la obra de la salvación. Ella no camina sola: parte del grupo familiar de Jesús (Mt 12, 46-50; Mc 3,31-35; Lc 8, 19-21): “He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera deseando hablar contigo”.

Se hace gratificante ver desde tres textos paradigmáticos el rol sinodal de María junto a Jesús y sus discípulos:

  1. La capacidad de escucha de María: En el evangelio encontramos a María como la mujer que escucha y acoge la Palabra de Dios. En Lucas 2, 51 dice “Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”, el verbo que se usa es διετήρει: que indica guardar de forma prolongada, que indica una actitud contemplativa y reflexiva de María, que buscaba hacer un verdadero discernimiento, ella los meditaba en su corazón. Así también debemos hacer como Iglesia, por ello María es modelo de Iglesia sinodal que debe escuchar la voz de Dios. Es la oyente dócil a la palabra y que es capaz de decir: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu Palabra”.

  1. María en las bodas de Caná: en este conocido texto el aspecto mas evidente es la intercesión de María a favor de los novios. María es la mujer atenta que escucha y cuida de la realidad, de sus necesidades, ella camina junto a los hombres y mujeres con una sensibilidad femenina especial que se da cuenta de las cosas y actúa. María camina con Jesús ayudando a despertar la fe de los discípulos en Jesús. El texto comienza diciendo que estaba “la madre de Jesús; y también Jesús fue invitado con sus discípulos a la boda” (Jn 2,2), En la Iglesia sinodal María precede, anticipa y va a delante en el camino de la Iglesia y abre camino a Jesús y a sus discípulos. Y después le presenta las necesidades de la gente e indica que “hagan lo que El les diga” y se retira dejando que Jesús domine la escena. El es el protagonista de la Salvación. De echo es interesante ver como termina el texto “Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos”, es decir, el fruto principal no es el vino abundante, sino la fe de los discípulos (v.11). La misión de María fue ayudar a que los discípulos creyeran en Él.

Podemos concluir que al inicio del camino en la “hora” inicial de Jesús (Jn 2, 2-12) aparece María y los discípulos y en la “hora” final en la cruz (Jn 19, 25 -27) permanece María y el discípulo amado, símbolo de la comunidad que bajo el cuidado de María permanecerá fiel hasta el fin de los tiempos.

  1. María en el cenáculo: Una vez mas la dimensión sinodal, la presencia de María junto a los apóstoles, a las mujeres, en el cenáculo y en pentecostés (Hch 2, 1-4). Los padres de la Iglesia no dudaron para ver el valor de la unidad de los apóstoles y la impetración del Espíritu Santo, porque María era la llena del Espíritu Santo. María esta allí humilde y cercana como mujer y Madre de esta Iglesia que nace. María enseña a la Iglesia naciente a encontrar la voluntad de Dios, salir en misión desde el discernimiento. No se aísla sola, persevera unánime (una sola alma), acompañando a la Iglesia. Es la mujer sinodal que hace camino eclesial con los demás. Es San Juan Pablo II en Redemptoris Mater quien sintetiza esa sublime verdad: “Después de los acontecimientos de la resurrección y de la ascensión, María, entrando con los apóstoles en el cenáculo a la espera de Pentecostés, estaba presente como Madre del Señor glorificado. Era no sólo la que « avanzó en la peregrinación de la fe » y guardó fielmente su unión con el Hijo « hasta la Cruz », sino también la « esclava del Señor », entregada por su Hijo como madre a la Iglesia naciente: « He aquí a tu madre ». Así empezó a formarse una relación especial entre esta Madre y la Iglesia” (40). Y el mismo Papa Francisco afirma “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hch 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés” (EG 284).

  1. María camina con el pueblo de Dios

Siempre que queramos buscar a María lo podemos hacer en medio del pueblo, tantas procesiones, cual claro en los santuarios marianos ver a María caminando con el Pueblo de Dios. Siendo provincial de los Jesuitas el Padre Bergolio afirmaba que “el Magisterio te enseñará quien es María, pero nuestro pueblo fiel te enseñará como se le quiere”. Es el pueblo fiel quien sabe como caminar con María en la Iglesia. También en la sinodalidad es que debemos escuchar al Pueblo de la mano de María. Es la María del Pueblo. Es “el regalo de Jesús a su pueblo”, representado en Juan, junto a la cruz (Cf. EG 285 – 286). Es “una madre para todos los pueblos (EG 288).

La Santísima Virgen María es quien camina con su pueblo quien nos transmite sus propias características a imitar: misericordia, ternura, cuidado, escucha, acogimiento, resiliencia y ser dóciles al Espíritu santo, que sea esa nuestra tarea al meditar a María madre de la Iglesia en estado sinodal.

José Miguel León Ortiz, Pbro.

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