La Voz del Pastor Noviembre 2019

Actualidad

AÑO MARIANO ARQUIDIOCESANO

LA TERNURA DE MARÍA

Queridos hermanos y hermanas: los valores propuestos para interiorizar en el bimestre octubre- noviembre, son los de la piedad y la ternura, vistos especialmente encarnados en la Virgen María. Quisiera resaltar el de la ternura por considerar que es prácticamente “envolvente” cuando contemplamos a María como Madre de Dios y Madre nuestra.

He ahí a tu Madre” (Jn 19,27), son las palabras que empleó Jesús en su agonía para entregarla a Juan, que junto con María, acompañaban al Señor en esta hora suprema. Y es precisamente porque Jesús fue el primer testigo de la experiencia que Él, en cuanto hijo, pudo vivir a lo largo de su vida al pie de María, siempre tan cercana y preocupada por todos sus asuntos, que hizo propios. El diccionario nos puede ayudar a precisar la definición de ternura como “sentimiento ante las personas, cosas o situaciones que se consideran merecedoras de un amor o un cariño puro y gratuito, por su dulzura o delicadeza”.

Como Madre ejemplar de Jesús y de nosotros, imposible no encontrar en ella estas características en grado sumo, que compartió e incluso “aprendió” de su propio hijo quien, manifestando el amor de su Padre hacia nosotros, como nos narra el Evangelio, se conmovía de ver a las multitudes: “y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor…” (Mc 6,34).

Lejos de ser un sentimentalismo vacío, constituye un compromiso fuerte y valiente de amor que aún en medio de las dificultades, como las que sufrió Cristo  por nosotros, no se deja vencer ni cambia su delicadeza y consideración. Justamente no imaginamos cómo se podría sentir Maria al pie de la cruz combinando los sentimientos de dolor por lo que le estaba pasando a Jesús, con la ternura sinigual como siempre lo veía.

El documento de Aparecida, describe a su modo,  lo que podríamos considerar la manifestación de la ternura de María como discípula y misionera. En efecto, describe el texto cómo “la virgen de Nazareth tuvo una misión única en la historia de salvación, concibiendo, educando y acompañando a su hijo hasta su sacrificio definitivo”. Desde la cruz, Jesucristo confió a sus discípulos, en Juan representados, el don de la maternidad; Ella, como madre fortalece los vínculos fraternos entre todos, animando a la reconciliación y el perdón y para que la totalidad de los discípulos del Señor seamos familia, la familia de Dios. Y en esta Iglesia-familia, la Madre genera ternura a la convivencia familiar. (Cfr. #267-268).

El papa Francisco posee un pequeño icono ucraniano de la Señora de la Ternura en su habitación de Santa Marta. “Lo conservo con especial veneración. Le rezo todos los días”, asegura. “Frente a ese icono comienzo y concluyo las jornadas, encomendando a la ternura de la Virgen, que es Madre…” añade.

En este Año Mariano Arquidiocesano que va concluyendo, hemos conocido más, seguramente, al meditar sobre la presencia de María en la misión de Cristo y de la Iglesia, cómo su amor y misericordia se manifiesta en ternura, que sencillamente reconocemos al invocarla como “vida, dulzura y esperanza nuestra”.

Con mi fraterno saludo y bendición.

 

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

Deja un comentario