LA INICIACIÓN CRISTIANA: El MENSAJE DE NUESTRO ARZOBISPO PARA ESTE MES

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Queridos hermanos y hermanas: concluida la primera etapa de nuestro plan pastoral, o del Encuentro con Jesucristo, que ahora continúa de forma permanente, nos adentramos en la segunda etapa del Discipulado que corresponde al ejercicio de la renovación del proceso de la iniciación cristiana. En este quinquenio que iniciamos, el Maestro y Señor nos invita a caminar con El, un itinerario de madurez en la fe, aplicable a los diversos sectores del Pueblo de Dios en nuestra Arquidiócesis. Qué gran oportunidad tenemos para “nivelar”, a modo de respuesta consciente, nuestro ser cristiano con claridad, transparencia, identidad y madurez. Podemos decir sin lugar a dudas, que revisamos nuestro camino a la santidad, como vocación de todos.

En el Documento de Aparecida tenemos unas preciosas líneas de orientación muy aterrizadas y pertinentes para realizar este propósito. Conviene que nos asomemos a tal documento para saborear su riqueza.

Al referirse a la Iniciación Cristiana, parte de una sencilla verificación de la realidad que fácilmente constatamos en nuestras comunidades, a saber que “Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical, ni reciben con regularidad de los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Sin olvidar la importancia de la familia en la iniciación cristiana, este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable” (D.A.#286). Y continúa este discernimiento haciendo ver que constituye un cuestionamiento serio al modo como estamos educando en la fe, pues la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada, sin itinerarios o procesos y muchas veces sin verdaderas experiencias de la vida en Dios y de la vida en comunidad y sin compromiso alguno de solidaridad y caridad, sin omitir, la falta de compromiso misionero.

De tal forma que es un reto grande, “ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que, además de marcar el qué, de también elementos para él quien, el cómo y el donde se realiza”(#287). Si no se hiciese quedaría en simple teoría el proceso de nueva evangelización.

Con esta verificación y en la búsqueda de respuesta, la iniciación cristiana, viene a ser la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo a toda persona e iniciar en el discipulado, o sea en el seguimiento consciente del Señor. Este camino permite fortalecer la unidad de los tres sacramentos de la iniciación, el Bautismo que inicia a la Vida de Dios en nosotros, la Confirmación que la fortalece y la Eucaristía que la alimenta y profundizar en su rico sentido en el itinerario de madurez en la fe.

Es necesario que oremos juntos, hagamos nuestra esta propuesta de renovación y con el auxilio del Señor y la luz de su Espíritu, emprendamos este gozoso sendero de esperanza para nuestra vida personal, de nuestras comunidades y naturalmente para nuestra Arquidiócesis.

Con mi fraterno saludo y bendición.

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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