Evangelio Del Día – 21 Feb – Marcos, 8, 34―9,1

Evangelio

Evangelio de hoy meditado por el Papa Francisco. Marcos, 8, 34―9,1

Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.» Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios».

Reflexión del Papa Francisco

«Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito» (Benedicto XVI, Spe Salvi, n. 37). Jesucristo nos invita a tomar nuestra cruz de cada día y seguirle. Sólo con el Señor nuestro yugo se hace suave y nuestra carga ligera. De esta forma, el Maestro nos recuerda que el cristiano está llamando a ser signo de contradicción en el mundo, pues, su forma de pensar no es la del mundo sino la de Dios. El camino que conduce al cielo es estrecho y difícil pero vale la pena llegar para gozar con Cristo por toda la eternidad. En nuestro peregrinar por esta vida encontramos una motivación muy alentadora en el Evangelio: «¡Estad alegres! porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,12). Está claro que tenemos dificultades y caídas pero caminamos con la esperanza puesta en la gracia y la misericordia de Dios, ya que todo lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Jesucristo con su Resurrección también nos llena de esperanza ante los infortunios que envuelven nuestra vida porque el creyente camina hacia el cumplimiento de las Bienaventuranzas: «dichosos los que sufren porque ellos serán consolados» (Mt 5, 3-10).

Propósito

Enfrentaré las dificultades y problemas con un profundo sentido sobrenatural, viendo en esos un camino de confianza en Dios y de salvación.

Diálogo con Cristo

Señor, Tú que has dicho: «el quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame», te pido que me ayudes a comprender que el sufrimiento es una experiencia que forma parte íntima de nuestra existencia. Dios mío enséñame a responder con fe y esperanza ante la realidad de la cruz, pues «¿dónde podrá el hombre buscar la respuesta a las cuestiones dramáticas como el dolor, el sufrimiento de los inocentes y la muerte, sino en la luz que brota del misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo?» (Juan Pablo II, Fides et Ratio, n. 12).

“Él nos exhorta a cada uno de nosotros a tomar cada día nuestra cruz y a seguirlo por el camino del amor total a Dios Padre y a la humanidad” (Benedicto XVI, Audiencia general, 11 de agosto de 2010).

 

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