El síndrome de peter pan, “un miedo a crecer y deseo de seguir en el país del nunca jamas”

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Por: David Chávez

Antes de entrar a describir en qué consiste este síndrome, os propongo un ejercicio a modo de reflexión. Se debe pensar en un momento en el concepto de madurez, y no me refiero a la edad, para dar respuesta a los siguientes interrogantes: ¿Qué significa ser maduro? ¿Qué se siente? ¿Qué se piensa? ¿Cómo se actúa? ¿Cuándo sabemos que hemos alcanzado la madurez?

Ahora bien, el personaje creado por James Matthew Barrie se resiste o tiene miedo a crecer y es precisamente su incapacidad para madurar, e incorporarse al mundo adulto, sobre la que se construye el símil del Síndrome de Peter Pan.

Este complejo refiere a esas personas que han decidido mantenerse en una infancia psicológica, que prefieren la comodidad y evitar enfrentarse a los desafíos de la vida, que se justifican diciendo que viven el día a día en una especie de mal entendido «carpe diem». Cuando lo que sucede es que les cuesta asumir responsabilidades, comprometerse, tomar decisiones, planificar metas y avanzar hacia ellas. Son personas incapaces de enfrentarse a las dificultades; optando por la huida, la fantasía o la mentira.

Por tanto y aunque el Síndrome de Peter Pan (SPP) no está recogido actualmente en los manuales de psiquiatría (CIE-10, DSM-IV, etc.) como un cuadro psiquiátrico específico, el fenómeno se emplea popularmente para definir a aquellos jóvenes y adultos que:

  • Son incapaces de comprometerse y cumplir sus promesas.
  • No saben o se niegan a asumir y aceptar las obligaciones propias de la juventud y la edad adulta.
  • Prefieren que sean otros quienes tomen las decisiones por ellos.
  • Presentan un deseo intenso de ser cuidados y sobreprotegidos, que demuestran una fuerte dependencia emocional y afectiva (padres, familiares, pareja, hermanos mayores, etc.), que hace que necesiten a su lado a otra persona que satisfaga constantemente sus necesidades.
  • Exhiben una baja autoestima, acompañada en ocasiones de sentimientos de culpa, tristeza, depresión o ansiedad.

En palabras sencillas, diríamos que se trata de una persona que lo quiere todo pero no desea esforzarse para lograrlo y se refugia en los demás, ante la idea de tener que enfrentarse a los problemas y los retos del día a día.

Adicional a esto, los expertos señalan como posibles causas o desencadenantes de estos síntomas de infantilismo por un lado, a un perfil psicológico con rasgos y tendencias a la evitación, la dependencia y la inmadurez. Y por otro, al estilo educativo. Algunos autores señalan que son las consecuencias de este último la causa principal del síndrome; bien por un lado, un estilo educativo hostil y autoritario, con carencias afectivas y emocionales por parte de los padres hacia los hijos. O bien por otro, un estilo educativo sobreprotector, idealizado, excesivamente dependiente del afecto de los padres y la evitación a toda costa del contacto con posibles elementos amenazantes.

Así pues, debido a la alta relación que existe entre la aparición de patrones de comportamiento infantil y el estilo educativo recibido, los adultos que rodean al niño, especialmente los padres y profesores, son los principales agentes preventivos del problema.

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