“Perseveren en la oración con espíritu vigilante y agradecido”. Colosenses 4:2.

La oración es la llave del cielo, descansar en la creencia de que el Señor nos escucha y podemos descansar en Él, mantenerse confiado. ME INVOCARÉIS, Y YO OS ESCUCHARÉ (JER 29,12)

La transformación para el orante es maravillosa, la postura y disposición para hacer peticiones debe ser con actitud suplicante. Las plegarias ayudan a mantener nuestra fe y confianza puesta en Dios, quien es nuestro guía en cualquier circunstancia y lugar. La oración es la necesidad de estar siempre conectados con el Creador, mantener la comunicación y la salud espiritual.

Pedir con devoción es recibir el poder para enfrentar las batallas de la vida. El Señor siempre nos predijo que la oración era el acto de perseverar, de esperar con paciencia las respuestas a nuestras súplicas. Dios está siempre dispuesto para dirigir nuestro camino con amor.

Por: Ninfa Gabriela Tapias Arévalo

La oración es el portal que está abierto para recibir con fe las decisiones del Señor para con nosotros. Él vive dispuesto con toda su fuerza y toda su alma.

“Estamos invitados a orar. De hecho, en Lucas 18: 1 leemos: “Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse.” Hebreos 4: 14–16 habla de Jesús como nuestro Sumo Sacerdote y dice que él puede empatizar con nosotros. Hebreos 4:16 dice: “Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.” Se nos ha dado acceso al mismo trono de Dios a través de la oración”. Copelling Truth.

Radio Católica Metropolitana basada en la fuente de Vatican News le recomienda las siguientes oraciones para descansar en la fe de cristo:

Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh, buen Jesús!, óyeme.

Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que me aparte de Ti.

Del maligno enemigo, defiéndeme

En la hora de mi muerte, llámame.

Y mándame ir a Ti.

Para que con tus santos te alabe.

Por los siglos de los siglos. Amén

Bajo tu amparo

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;

no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,

antes bien, líbranos de todo peligro,

¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío,

que estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

Os amo sobre todas las cosas

y deseo recibiros en mi alma.

Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado,

venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya os hubiese recibido,

os abrazo y me uno del todo a Ti.

Señor, no permitas que jamás

Me aparte de Ti. Amén.

(San Alfonso María de Ligorio)

 

A vuestros pies, ¡oh mi Jesús!,

me postro y os ofrezco

el arrepentimiento de mi corazón contrito,

que se hunde en la nada ante vuestra santísima presencia.

Yo os adoro en el Sacramento de vuestro amor,

la inefable Eucaristía,

y deseo recibiros en la pobre morada

que os ofrece el alma mía.

Esperando la felicidad de la comunión sacramental,

yo quiero poseeros en espíritu.

Venid a mí, puesto que yo voy a Vos,

¡oh Jesús mío!,

y que vuestro amor inflame todo mi ser

en la vida y en la muerte.

Creo en Vos y espero en Vos.

Así sea.

(Cardenal Rafael Merry del Val)

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