Todo el mundo sufre de estrés en algún momento de su vida, ya sea por el trabajo, los estudios, relaciones sociales y sentimentales, responsabilidades cotidianas, pérdida de seres queridos, entre otras. Cada persona lo sobrelleva de cierta manera, escuchando música, cantando, jugando videojuegos, ejercitándose, durmiendo o tomando una ducha, que en estos casos es una de las mejores opciones, ya que relaja el cuerpo y aclara los pensamientos.

El estrés puede durar en ocasiones un día o semanas, dependiendo lo que se esté viviendo en el momento, por eso hay que saber leer las reacciones que tiene el cuerpo cuando está estresado: este le puede ocasionar dolor de cabeza, de cuerpo, ansiedad e incluso insomnio. Lo preocupante es cuando se alarga este periodo, es decir, que lleva más de una o dos semanas con los mismos síntomas, en este caso lo primordial es cuidar de su estado físico y mental acudiendo a un profesional.

Según el American Institute of Stress (AIS), una organización sin ánimo de lucro: “Los efectos del estrés pueden tener un amplio alcance en las emociones, el estado de ánimo y el comportamiento, también tiene efectos sobre los órganos y tejidos de todo el cuerpo”. Así mismo el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) nos comparte algunos ejemplos en los que el estrés se presenta dentro de la vida cotidiana como:

⦁ El estrés de rutina está relacionado con las presiones del trabajo, la escuela, la familia y otras responsabilidades diarias.

⦁ El estrés provocado por un cambio negativo repentino, como la pérdida de trabajo, el divorcio o una enfermedad.

⦁ El estrés traumático que se experimenta en un acontecimiento como un accidente grave, la guerra, un asalto o una catástrofe natural en el que las personas pueden estar en peligro de sufrir heridas graves o morir.

Pero, ¿qué síntomas se presentan en el cuerpo cuando se tienen episodios de estrés?

Se puede evidenciar de distintas formas en nuestro cuerpo: como un ligero dolor de cabeza, de espalda, tensión o dolor muscular, dolor en el pecho, fatiga, malestar estomacal y problemas de sueño, dejando el cuerpo débil para que cualquier infección, gripe o enfermedad viral ataque fácilmente el organismo.

El estrés también afecta el estado de ánimo provocando ansiedad, inquietud, irritabilidad o enojo, falta de motivación o enfoque. La persona puede llegar a sentirse abrumada, con tristeza o depresión.

Por último, pueden llegar a existir cambios bruscos en su comportamiento, ya sea consumir comida en exceso o por debajo de lo normal, tener arrebatos de ira, consumir tabaco, aislamiento social o practicar ejercicio con menos frecuencia.

El preocuparnos ante cualquier situación y no saber cómo reaccionar, controlar, ni que sentir en ese momento, afectan física y mentalmente el cuerpo, así como lo expresa el fisiólogo y médico austrohúngaro Hans Hugo Selye: “no es el estrés lo que nos mata, es nuestra reacción al mismo”. Por lo tanto, es necesario mantenerse en movimiento para poder combatirlo: realice ejercicio, descubra actividades nuevas en la que se sienta cómodo, elabore un cronograma en el que organice sus actividades y su tiempo, comparta con su familia y amigos, sea consciente cuando se está excediendo con la comida y reduzca las cantidades, evite el uso de cafeína y alcohol.

Finalmente, si ha realizado alguna de estas actividades y sigue con los síntomas lo mejor es buscar ayuda profesional, para que pueda continuar con una vida tranquila y equilibrada.

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