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Radio Católica Metropolitana

“El Amor Familiar: Vocación y Camino de Santidad”

Con este lema se vivió en la Iglesia Particular de Bucaramanga, el Encuentro Arquidiocesano de las Familias”, en el marco de la Semana de la Familia que se celebra en nuestra Arquidiócesis  del 19 al 26 de Junio.

Más de 150 personas integrantes de 30 parroquias y 6 Movimientos Apostólicos de la Arquidiócesis de Bucaramanga, se dieron cita en la mañana de este sábado 25 de junio, en el auditorio del Colegio La Salle, para participar de este encuentro que contó con dos ponencias principales: “El Catecumenado Matrimonial y la Familia”, a cargo del Pbro. José Miguel León Ortiz; y “La Eucaristía lleva al Matrimonio y la Familia por el camino de la Santidad”, a cargo de Sor Ana Gabriela Salas Contreras. Las dos ponencias contaron con el apoyo de las familias, de la Delegación Arquidiocesana de Laicos Familia y Vida.

 

Monseñor Ismael Rueda Sierra, arzobispo de Bucaramanga, presidió la Eucaristía, y en su mensaje inicial agradeció con cariño y alegría la participación de los asistentes. De igual forma, nuestro arzobispo afirmó: “Experimentamos la alegría del encuentro por encarnar el matrimonio y la familia, la alegría del amor. Es importante recordar que este momento lo vivimos en sintonía con el 10° Encuentro Mundial de Familias que se celebra en Roma. Nuestro lema: El Amor familiar, camino y vocación de santidad”.

“La Iglesia siempre se ha preocupado y ha cuidado al matrimonio y la familia. El Matrimonio y la Familia son una vocación que se vive en concreto, inspiradas en la familia de Nazaret, animada por la presencia constante del amor de Dios. Las relaciones familiares se van cultivando con ingredientes como: cuidado mutuo, comprensión, ternura, aceptación y respeto. Allí se transmiten, con gestos y testimonios oportunos, el sentido de la fe y la relación con Dios.” Afirma Monseñor Rueda Sierra.

Refiriéndose a la pandemia, nuestro arzobispo envió un mensaje de solidaridad y acompañamiento a todas las familias que tuvieron que despedir a algunos de sus seres queridos, o acompañarlos en la enfermedad.

Por otro lado, Monseñor Ismael Rueda Sierra, invitó a los asistentes a aprovechar estos espacios y replicar lo aprendido con otras familias. “Que este encuentro sea un signo de la alegría y la esperanza con la cual, en medio de retos y expectativas, construimos hogares y familias bendecidas, testimonio vivo de la presencia y el amor de Dios.”

Resumen homilía Monseñor Ismael Rueda Sierra:

“Litúrgicamente, hoy se celebraría la memoria obligatoria del Corazón inmaculado de María, que se vive en la Iglesia al día siguiente del Sagrado Corazón, pero por diversas circunstancias de la liturgia, hoy recordamos la Solemnidad de San Juan Bautista, lo cual es verdaderamente un privilegio, porque la Palabra de hoy nos da muchos elementos, justamente para aplicar a esta semana de la familia; semana de reflexión, discernimiento y oración.

El primer elemento que encontramos es el Matrimonio. Zacarías e Isabel eran un matrimonio de acuerdo con las leyes del pueblo de Israel. Un Matrimonio consciente de su misión como familia, según la voluntad de Dios. Ellos anhelaban tener hijos, y no habían podido, sin embargo, nunca perdieron la confianza en Dios, aun conociendo sus limitaciones, ya que eran personas ancianas y mayores.

Importante resaltar, como este era un matrimonio de esperanza, donde la fe en Dios era lo más importante, porque Dios une al matrimonio, pero también quiere que ese matrimonio se prolongue en la familia, en los hijos y las hijas.

En segundo lugar, encontramos en el texto la Perseverancia en la Oración, gracias a eso, este matrimonio recibe la noticia de que van a ser padres. Como lo dice el Concilio Vaticano II, los hijos, a partir del matrimonio, se piden a Dios, se anhelan, se quieren y se reciben con enorme gratitud, como bendición de Dios

En un tercer momento, encontramos como es de fundamental el amor y la unión en la familia. La familia debe crecer junta, orar y apoyarse entre todos sus miembros. Y también algo muy relevante en la vida matrimonial y familiar, es la necesidad de transmitir a los hijos y a las hijas, los valores recibidos y vividos, especialmente el valor fundamental de la Fe. El Signo más importante que podemos recibir en nuestra familia es el signo del bautismo, una iniciativa tomada por nuestros padres para transmitirnos la vida que viene de Dios.

Los padres nos transmiten la vida de Dios, la fe y la gracia del Bautismo, y así empieza todo un proyecto de vida, una aventura espiritual que ya no se va a borrar de nosotros, sino que nos va a acompañar en toda la existencia de la eternidad. Esto es algo maravilloso que los católicos debemos vivir a plenitud.

Otro aspecto muy considerable, que se debe rescatar, es la vocación de la persona, que está marcada desde un primer momento en la responsabilidad de los padres, que toman conciencia de la riqueza y el valor de ese niño, o de esa niña, para pensar en lo que será su proyecto de vida. La Vocación de un ser humano, de una persona, inicia desde el seno materno, incluso desde antes, como lo vemos en los profetas. Antes de ser engendrados, nosotros ya estábamos en el pensamiento de Dios.

El aborto pone en peligro la vida de todo ser humano. No queremos juzgar, porque Dios es grande y nos perdona con infinito y profundo amor. Es crucial que tomemos conciencia, desde la fe y desde el Evangelio, acerca de esta problemática y podamos orientar y ayudar con determinación y caridad.

El común denominador de toda vocación es la santidad. Todos estamos llamados a la santidad. Este es el pensamiento y llamado de la Iglesia. La santidad está en la comunión con Dios, que nos debe llevar a entender que también debemos estar en comunión con nuestros hermanos.

Pidámosle a Dios que podamos encontrar, en este día de la Solemnidad de San Juan Bautista, una vocación concreta, una familia que propicie la fe, y nos ayude a perseverar siempre, en medio de tantos retos como los que tenemos hoy en nuestra cultura. Pidámosle la Santísima Virgen María, en este misterio de su Inmaculado Corazón, que guíe, acompañe y proteja a todos los matrimonios y a todas las familias.”

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