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Domingo de Ramos: abrir el corazón para caminar con Cristo en la Semana Santa

    Con la celebración del Domingo de Ramos, la Iglesia da inicio a la Semana Santa, un tiempo de gracia que invita a detenernos, reflexionar y acompañar a Jesús en el camino de su pasión, muerte y resurrección.

    Durante la Eucaristía, Monseñor Ismael Rueda Sierra, administrador apostólico de la Arquidiócesis de Bucaramanga, dirigió una profunda reflexión en la que animó a los fieles a vivir estos días no como espectadores, sino como verdaderos discípulos que hacen suyo el camino del Señor.

    “Este es un tiempo para llevar al corazón la Palabra de Dios, hacerla vida y permitir que transforme nuestra realidad”, expresó, recordando que la Semana Santa no es solo memoria, sino una experiencia viva que se renueva en cada creyente.

    El relato de la Pasión, proclamado en este día, nos sitúa frente a la entrega total de Cristo, el Siervo humilde anunciado por los profetas. Jesús entra en Jerusalén no con signos de poder, sino desde la sencillez, montado en un borrico, manifestando que su reino no es de este mundo, sino del amor, el servicio y la entrega.

    En este contexto, la invitación central fue clara: dejarnos tocar por los sentimientos de Cristo. Inspirado en la carta a los Filipenses, Monseñor recordó que Jesús, siendo Dios, se hizo pequeño por amor, y desde esa humildad fue exaltado por el Padre.

    Para los oyentes y fieles, este mensaje se traduce en una pregunta muy concreta: ¿cómo estamos viviendo nuestra fe? La Pasión nos presenta distintos personajes y actitudes, y cada uno está llamado a mirarse con sinceridad: ¿en qué momentos fallamos?, ¿cuándo somos fieles?, ¿cómo respondemos al amor de Dios?

    Desde Radio Católica Metropolitana, nos unimos a este llamado a vivir una Semana Santa auténtica, en la que cada paso esté marcado por la conversión, la esperanza y el compromiso con los demás.

    Que estos días sean una oportunidad para acercarnos más a Dios, para reconciliarnos, para servir con amor y, sobre todo, para caminar junto a Cristo con un corazón dispuesto.

    Porque solo quien vive la cruz con fe, puede también experimentar la alegría de la Resurrección.