La Iglesia inicia nuevamente el tiempo de Cuaresma, un camino espiritual que nos invita a detenernos, volver a lo esencial y preparar el corazón para la Pascua. En su mensaje para este año, el Santo Padre propone una clave clara y profundamente actual: vivir este tiempo desde la escucha, el ayuno y la dimensión comunitaria de la fe.
Su reflexión, titulada «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión», nos recuerda que el centro de este tiempo litúrgico no es una práctica externa, sino el encuentro con Dios que transforma la vida y reorienta el corazón.
Escuchar: abrir espacio a la voz de Dios
La Cuaresma comienza con una invitación concreta: aprender a escuchar. No se trata solo de oír palabras, sino de permitir que la Palabra de Dios toque la vida y la transforme.
Escuchar a Dios implica también aprender a escuchar la realidad, el sufrimiento humano y el clamor de los más pobres. La escucha se convierte así en el primer paso de todo camino de conversión: una actitud que dispone el corazón para reconocer lo que verdaderamente importa y para responder con amor.
Desde la liturgia, la oración y la vida cotidiana, el creyente es llamado a entrenar el oído interior para distinguir la voz del Señor entre tantas voces que atraviesan la sociedad.
Ayunar: ordenar el corazón y el deseo
El mensaje recuerda que el ayuno es una práctica antigua y profundamente significativa. No es solo privarse de alimento, sino educar el deseo y redescubrir de qué tiene hambre el corazón humano.
El ayuno cristiano:
- ayuda a discernir lo esencial,
- despierta la sed de justicia,
- y orienta la vida hacia Dios y el prójimo.
Inspirado en la sabiduría de San Agustín, se comprende que el corazón humano está en constante búsqueda de plenitud. Mientras anhela la justicia y el bien, se ensancha para recibir a Dios.
Pero el Papa propone también un ayuno muy concreto y urgente para nuestro tiempo: abstenerse de palabras que hieren.
Renunciar a:
- la crítica destructiva,
- la calumnia,
- el juicio inmediato,
- el lenguaje violento en la familia, los medios y las redes sociales.
Y aprender, en cambio, a construir con palabras de esperanza, respeto y paz.
Juntos: una conversión que se vive en comunidad
La Cuaresma no es un camino individualista. La conversión se hace visible en la forma en que vivimos la fe en comunidad: en la familia, en la parroquia, en los grupos y en la sociedad.
La Escritura —como se narra en el libro de Libro de Nehemías— muestra al pueblo reunido para escuchar la Palabra, ayunar y renovar su alianza con Dios. Así también hoy, la Iglesia está llamada a caminar unida, escuchando el clamor de los pobres y respondiendo con gestos concretos de misericordia.
Este tiempo invita a revisar:
- la calidad del diálogo,
- las relaciones humanas,
- la capacidad de escuchar al otro,
- y la apertura al sufrimiento del mundo.
Un llamado para nuestra realidad
La Cuaresma 2026 se presenta como una oportunidad para transformar la vida personal y comunitaria. Escuchar más a Dios y a los demás, ayunar de lo superficial y del lenguaje que hiere, y caminar juntos como Iglesia son pasos concretos hacia una fe más auténtica.
Este mensaje resuena con especial fuerza en la misión de los medios de comunicación católicos, llamados a ser espacios de encuentro, verdad y esperanza. En medio de una sociedad marcada por la prisa, el ruido y la polarización, la Iglesia propone el camino del silencio, la escucha y la caridad.
Que este tiempo litúrgico nos permita volver al centro: Dios que habla, el corazón que se convierte y la comunidad que camina unida hacia la Pascua, construyendo día a día una verdadera civilización del amor.
