Como fruto significativo de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, los obispos del país, junto con representantes de los seminarios, han dirigido un mensaje a todos los responsables de la formación inicial al presbiterado. En él, hacen un llamado claro a fortalecer procesos formativos que preparen sacerdotes cercanos al Pueblo de Dios, comprometidos con la reconciliación y portadores de esperanza.
La Asamblea se desarrolló del 6 al 10 de julio en Bogotá bajo el lema “La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera”. Durante estos días, más de 90 obispos, junto a rectores, formadores, seminaristas, religiosos y laicos, vivieron una experiencia de oración, estudio y discernimiento que permitió profundizar en los desafíos actuales y las proyecciones futuras de la formación sacerdotal en Colombia.
Una formación centrada en Cristo
Más que ofrecer directrices técnicas, el mensaje invita a comprender la formación sacerdotal como un camino de configuración con Jesucristo, el Buen Pastor. En este sentido, se recuerda a los seminaristas que el eje central de su vocación no radica en sus propias capacidades, sino en la acción transformadora de Dios en sus vidas.
“No tengan miedo de dejarse moldear por Cristo. Permitan que Él transforme su corazón para que puedan amar con su mismo amor y servir con su misma entrega”, expresan los obispos.
Desde esta perspectiva, se les anima a cultivar una profunda vida espiritual, a fortalecer la fraternidad, a vivir con alegría su vocación y a prepararse para un ministerio marcado por el servicio generoso y la cercanía con las comunidades.
Sacerdotes con estilo sinodal para los desafíos actuales
Uno de los aspectos más destacados del mensaje es la descripción del perfil sacerdotal que hoy necesita la Iglesia en Colombia. Ante los retos sociales y pastorales del país, se subraya la urgencia de formar presbíteros capaces de caminar junto al Pueblo de Dios, escuchar con atención y anunciar el Evangelio desde la cercanía y la empatía.
“Colombia necesita sacerdotes con estilo sinodal; profundamente enamorados de Jesucristo, hombres de comunión, cercanos al pueblo, sensibles al sufrimiento de los pobres, constructores de reconciliación y sembradores de esperanza”.
Esta visión no solo plantea un ideal, sino que recoge el horizonte pastoral que orientó la Asamblea y proyecta una Iglesia más misionera, participativa y comprometida con la realidad del país.
Gratitud a quienes forman a los futuros sacerdotes
El mensaje también reconoce la labor de los rectores y formadores de los seminarios, destacando su papel fundamental en el acompañamiento de las nuevas generaciones. Los obispos agradecen su entrega y les recuerdan que la formación no se transmite únicamente con enseñanzas, sino, ante todo, con el testimonio de vida.
“El primer instrumento formativo es el testimonio de la propia vida”, subrayan.
Por ello, los animan a continuar su misión con espíritu de comunión, cercanía y disponibilidad, conscientes de la huella que dejan en la formación humana, espiritual y pastoral de los futuros sacerdotes.
Una tarea que compromete a toda la Iglesia
Finalmente, la carta amplía la mirada al recordar que la formación sacerdotal no es responsabilidad exclusiva de los seminarios, sino una misión compartida por toda la Iglesia.
“La formación de los futuros sacerdotes es una responsabilidad compartida por toda la Iglesia”.
En este sentido, se invita a sacerdotes, religiosos y fieles laicos a acompañar estos procesos con la oración, el testimonio y el compromiso, entendiendo que la calidad de la formación incide directamente en la vida de las comunidades y en la misión evangelizadora de la Iglesia en Colombia.
Este llamado, nacido del discernimiento sinodal, se convierte en una invitación a renovar el compromiso eclesial con una formación sacerdotal sólida, cercana y profundamente enraizada en el Evangelio.
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