La dependencia emocional se define como una necesidad de satisfacer mental, física y espiritualmente con otra persona y se fundamente de una correlación mutua atascada por el deseo de conocer quien es mas importante y quien lleva el papel de dominante y dominado(Castelló, 2000; 2005).

Sin embargo, por muchos años se ha colocado en tela de juicio si estas relaciones de carácter interpersonal son o no son correctas, ya que en muchos casos se evidencian interacciones entre víctima y victimario, logrando que el uno sobreviva del otro.

Esta como condición emocional es un estilo relacional que es necesario corregir, y es una manera de pensar en la que la persona tiene la creencia de que debe sacrificar su bienestar por los demás, independientemente de las consecuencias.

La necesidad de relacionarse y vincular con los otros es propia del ser humano, tendemos a crear lazos interpersonales fuertes y duraderos (Urbiola y Estévez, 2015). Las personas con una dependencia saludable tienen una identidad fuerte, confían en los otros y tienden a un autoconcepto adecuado sin tener miedo a estar solos ni a que los demás les abandonen. Por consiguiente, cuando esta necesidad es extrema las relaciones dejan de ser sanas y adquieren un carácter negativo para el desarrollo de la pareja.

Según un estudio realizado en el año 2015 por Irache Urbiola y Ana Estévez, publicado en la revista ansiedad y estrés en Madrid España, en donde se investigó la dependencia emocional en relación con la autoestima y la sintomatología ansiosa y depresiva, así como las diferencias por sexo y función de tener o no pareja, nos muestra que la codependencia emocional se relacionaba negativamente con la autoestima, esto es, a más dependencia emocional de la persona más baja será su autoestima. Por otra parte, apareció una relación positiva y predictora con la sintomatología ansioso-depresiva, es decir, a más dependencia emocional más sintomatología ansioso-depresiva manifiesta la persona y, además, ante la presencia de dependencia emocional es más probable que aparezca la sintomatología ansioso-depresiva.

De los 535 jóvenes universitarios estudiados el resultado arrojo también que en cuanto a las diferencias de sexo, no se encontraron cambios en la dependencia total, independientemente de que tuvieran o no pareja. Sin embargo, los chicos obtuvieron mayores puntuaciones en la necesidad de agradar, es decir, la necesidad de obtener la aprobación de los demás, como recurso para conseguir su afecto e involucrándose tanto en las relaciones que olvida sus necesidades y preferencias por las del otro para conseguir agradarle.

He aquí unos tips para reconocer una relación codependiente

  • necesidad imperiosa de estar cerca de una persona amada
  • se presenta abstinencia manifiesta
  • incapacidad de controlar la compulsión de estar con la persona amada
  • empleo de mucho tiempo o esfuerzo para mantener cerca a la pareja
  • son evidentes y comprobables los altos niveles de obsesión
  • reducción de la asistencia a las reuniones sociales por agradar a la persona amada
  • no ver otra alternativa de vida posible a la de estar con su pareja

 

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