Tienes un pocillo, una jarra de procela, una taza que se ha roto. La actitud normal es recoger los pedazos, y botarlos. Pero imagínate que, en lugar de eso, recojas los pedazos, pegando pieza por pieza, uniéndolas con una especie de pegamento dorado, haciendo que ahora el recipiente roto, luzca más elegante y atractivo.
Ese el arte del Kintsugi, una técnica japonesa milenaria que no solo arregla la pieza rota, sino que, a su vez, ve en la fragilidad la oportunidad de algo mejor, pero sin desconocer que esa fragilidad sigue existiendo. El Kintsugi nos invita a reconocer en nuestra propia realidad humana, con todas y sus fragilidades la oportunidad de crecer, mejorar, y transformarnos.
Apliquemos el Kintsugi en nuestra vida
1. Aprende a encontrar en tus debilidades, la grandeza de las fortalezas
Muchas veces nos encerramos en nuestras debilidades, y justificados en ellas, dejamos de hacer cosas importantes en nuestras vidas, a pesar de ello, problemas del carácter como la pereza, la dilación, la postergación, la irritabilidad, la falta de constancia pueden ser argumentos que, trabajando diligentemente sobre esas conductas crecer, haciéndonos mejores seres humanos. Cuando aprendemos a ver que nuestras debilidades no son obstáculos, sino más bien oportunidades, podemos como el Kintsugi, hacer algo mejor.
2. Haz de la paciencia, tu aliada.
Arreglar una pieza rota requiere paciencia, dedicación, disciplina. No puedes esperar que una vez las piezas estén pegadas, ya puedes disponer inmediatamente de la taza. Hay que esperar que las piezas rotas se peguen, hay que darles tiempo.
Igual sucede con nosotros. Nuestra psique, nuestra mente sanará después de una ruptura en una relación, la pérdida de un ser querido, un despido, un problema con un compañero de trabajo, una ofensa, una injusticia, pero necesita tiempo. No podemos simplemente a la mañana siguiente hacer como si nada, las heridas en nuestra mente, son equiparables a las del cuerpo, hay que darles tiempo para que cicatricen.
3. Practica la aceptación
Mucho de nuestro sufrimiento proviene del rechazo. Rechazamos la realidad. Por supuesto, hay injusticias, cosas que no están bien, situaciones que atentan contra nuestra integridad personal, familiar, laboral, y que evidentemente detrás de ella, no hay un curso justo, no obstante, cuando esas cosas pasan, rechazarlas pensando, repensando cómo la situación debió ser, recreando el presente y el futuro planteando cómo debería ser las cosas para que se acomoden a nuestras pretensiones, lo único que hacen es agregarle más sufrimiento al malestar que ya existe.
Quiero dejar claro que aceptar no es resignarse. La resignación es un conformismo para colmo pasivo frente a algo que te pasa, estás simplemente pretendiendo no actuar, ni buscar mejoras. La aceptación, por el contrario, implica que uno acepta la realidad tal cual se presenta en el momento, pero, también se acepta que se puede hacer algo para que la situación mejore, y en ese sentido, se actuará en consecuencia.
El Kintsugi nos enseña que hay imperfecciones, pero las imperfecciones no nos definen, no nos determinan, muy por el contrario, pueden ser la fuente de un mejor ser humano, dándole a la vida un sentido de significado y propósito
HÉCTOR LEONARDO MORA
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