3 de mayo día de la Santa Cruz

Actualidad

Hoy algunas comunidades católicas en el mundo celebran la Fiesta de la Santa Cruz, instituida en el siglo IV luego que Santa Elena, la madre del Emperador Constantino, rescatara la Cruz de Cristo en el siglo IV.

Cuenta la tradición que en el año 326 Santa Elena pudo identificar la Cruz del Señor colocando sobre ella el cadáver de un trabajador, que resucitó. Luego del hallazgo varios trozos de la Cruz se repartieron por todo el mundo llamados “Lignum Crucis”.

En algunas ciudades de Colombia los fieles mencionan durante todo el día un total de mil veces la palabra “Jesús” con la fe y la confianza que el día de su muerte el diablo no los llevará porque el día de la Santa Cruz pronunciaron mil veces “Jesús”.

En la homilía de la Misa con los cardenales del 14 de marzo, el Papa Francisco dijo que “cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor”.

El Santo Padre expresó además que “quisiera que todos… tengamos el valor, precisamente el valor, de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo crucificado. Y así la Iglesia avanzará”.

Reflexión

La Cruz de Cristo es y será siempre puente y camino. Jesús la llevó y la hizo su trono para abrir las puertas de la vida y de la libertad, para tender puentes de amor, de misericordia y reconciliación sobre el abismo del egoísmo, del pecado y de la muerte.

La Cruz que corona nuestras montañas, que sirve de aguja a nuestras Iglesias, que llevamos como bandera de esperanza y árbol glorioso del que brotan frutos de paz, es también el cayado del Buen Pastor que sigue trayendo sobre sus hombros el dolor del mundo y que sigue buscando entre los abrojos de esta historia dramática a cuantos se han extraviado por los caminos de la violencia, del pecado, de la muerte.

La antigua práctica de invocar el nombre de Jesús despierta en el pueblo amado de Dios la certeza de no estar solo en el camino de la vida, es sentir que Jesús Resucitado le acompaña y le sostiene. Por eso la Cruz Gloriosa se viste con el sudario que anuncia la victoria del Señor, por eso la Cruz se vuelve bandera del Rey Resucitado que anuncia el perdón, la paz y la esperanza.

Decía el Beato Jesús Emilio Jaramillo Monsalve:

“…lo que más fulge en la página divina es la Santa Cruz, balance del rescate, y por algo dijo el Señor que los predestinados para seguirlo en la redención de los demás, deberían llevar la cruz de filudas aristas sobre el hombro todos los días” (Samuel).

La cruz es la bandera de la mansedumbre, el estandarte de los pacíficos, la escala purísima por la que se sube a la gloria. Felices los que, como el Maestro Divino, se abrazan al madero de la esperanza con corazón manso y humilde, con alma liberada de pretensiones y grandezas.

Oh Cruz, única esperanza: te acogemos con el mismo amor que tuvo Cristo, te abrazamos con la misma alegría del Mártir glorioso que sabe que eres su trono y su altar, que sabe que este leño, para muchos inerte, ha de dar frutos de perdón, de paz y de esperanza.

Pongamos en los brazos de la Cruz de Cristo, balanza de la justicia y de la misericordia, la oración que sana y la solidaridad que apoya, para que en este tiempo la vida del mundo encuentre perdón, paz y fortaleza.

Recordemos que, al pronunciar el Nombre de Jesús, El viene a nuestro encuentro para llevar en sus hombros de Buen Pastor a todos los que anuncien su victoria, su gloria, su amor.

Fiente: CEC colombia, Aciprensa.

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