Evangelio Del Día – 24 Feb Marcos 9, 14-29

Evangelio

Evangelio de hoy meditado por el Papa Francisco. Marcos 9, 14-29

En aquel tiempo, Cuando Jesús, Pedro, Santiago y Juan, regresaron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. El les preguntó: “¿Sobre qué estaban discutiendo?”. Uno de ellos le dijo: “Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron”. “Generación incrédula”, respondió Jesús, “¿hasta cuando estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo”. Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca. Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que está así?”. “Desde la infancia”, le respondió, “y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos”. “¿Si puedes?”, respondió Jesús. “Todo es posible para el que cree”. Inmediatamente el padre del niño exclamó: “Creo, Señor pero aumenta mi fe”. Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más”. El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: “Está muerto”. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”. El les respondió: “Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración y el ayuno”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Sobre el Evangelio de hoy, la liturgia del día nos propone el pasaje del Evangelio en el que los discípulos no logran sanar a un muchacho; el mismo Jesús debe intervenir, lamentando la incredulidad de los presentes; y al padre de aquel chico que le pide ayuda, responde que “todo es posible para el que cree”.

A menudo, también aquellos que aman a Jesús no arriesgan mucho en su fe y no se confían completamente a Él.

Pero ¿por qué, esta incredulidad? Creo que es justamente el corazón que no se abre, el corazón cerrado, el corazón que quiere tener todo bajo control.

Es un corazón que no se abre y no deja a Jesús el control de las cosas, y cuando los discípulos le preguntan por qué no han podido sanar al joven, el Señor responde que aquel tipo de demonio no se puede eliminar sino solo con la oración.

Todos nosotros llevamos un poco de incredulidad, dentro. Es necesaria una oración fuerte, y esta oración humilde y fuerte hace que Jesús pueda obrar el milagro. La oración para pedir un milagro, para pedir una acción extraordinaria debe ser una oración coral, que nos involucre a todos.

Les cuento un episodio ocurrido en Argentina:

Una niña de 7 años se enfermó gravemente y los médicos le dieron pocas horas de vida. El papá, un electricista, hombre de fe, enloqueció y en aquella locura tomó un autobús para ir al Santuario mariano de Lujan, distante 70 kilómetro.

Llegó ahí pasadas las 9 de la noche, cuando todo estaba cerrado. Y comenzó a rezar a la Virgen, con las manos aferradas a la reja de fierro. Y rezaba, y rezaba, y lloraba, y rezaba…

Y así, permaneció toda la noche. Pero este hombre luchaba: luchaba con Dios, luchaba junto a Dios por la sanación de su hija.

Luego, después de las 6 de la mañana, fue al terminal, tomó el bus y llegó a casa, al hospital, a las 9, más o menos. Encontró a su esposa llorando. Se imaginó lo peor. “¿Qué ha pasado? ¡No entiendo, no entiendo! ¿Qué ha pasado?”. “Han venido los doctores y me han dicho que la fiebre ha pasado, que respira bien, que no tiene nada. La dejarán en reposo por dos días más, pero no entienden qué cosa ha pasado”.

Esto todavía sucede, ¿eh?, los milagros existen. Pero es necesario orar con el corazón

Una oración valiente, que lucha por llegar a aquel milagro; no aquellas oraciones de circunstancia, “Ah, rezaré por ti”: rezo un Padre Nuestro, un Ave María y, después me olvido. No: oración valiente, como aquella de Abraham que luchaba junto al Señor por salvar la ciudad, como aquella de Moisés que tenía las manos en alto y se cansaba, rezando al Señor; como aquella de tantas personas, de tanta gente que tiene fe y con la fe reza, reza.

La oración hace milagros, pero debemos creer (Homilía del Evangelio de hoy. Santa Marta, 20 de mayo de 2013).

Propósito para hoy.

Hoy me esforzaré en no caer en chismes, hablando cosas privadas de otras personas o participando de una conversación con el fin de desacreditar

Frase de reflexión.

“Un saludo agradecido a todos los que se dedican a la enseñanza en las escuelas católicas. Educar es un acto de amor, es como dar la vida”. Papa Francisco.

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