“EN LA CÁRCEL Y VINISTE A VERME”

Queridos hermanos y hermanas: el énfasis para el mes de septiembre está destinado a que meditemos sobre los detenidos en las cárceles y así suscitar lo que Jesús nos pide en el Evangelio “estaba encarcelado y me vinieron a ver” (Mt 25,36). Jesús aparece nuevamente como incógnito, presente en el rostro de todos los presos a quienes acompaña con misericordia.

El Papa Francisco, que viene hacia nosotros en Colombia, en salida misionera, sabemos que continuamente tiene gestos significativos de cercanía a la población carcelaria a quienes visita y dirige siempre un mensaje de aprecio, esperanza y libertad. En el Año de la Misericordia se refirió en muchas ocasiones a ellos, recordándonos a todos nuestras propias prisiones y la actitud farisaica al momento de señalarlos. En efecto en su homilía con ocasión del Jubileo de la Misericordia con los presos, se preguntaba el Santo Padre, cada vez que entraba a una cárcel ¿Por qué ellos y no yo? Y añadía “todos tenemos la posibilidad de equivocarnos: todos. De una manera u otra, nos hemos equivocado”. Recuerda que ante Dios nadie puede considerarse justo (Rom 2,1-11), pero nadie puede ignorar la certeza de encontrar el perdón. Al llamar a la esperanza, el Papa hace ver el anuncio de liberación que trae consigo, expresando con realismo: “no depende de mí poderla conceder, pero suscitar el deseo de verdadera libertad en cada uno de vosotros es una tarea a la que la Iglesia no puede renunciar” (cf. Homilía, 6 nov. 2016).

El documento de Aparecida, en el que influyó tanto el actual Pontífice, hace ver la realidad de la violencia, producto de injusticias y males, como inductora a la mayor criminalidad que genera, en consecuencia, el aumento de la población carcelaria y que afecta principalmente a sectores de población sobre todo pobres. Esto hace pensar indudablemente, que de manera preventiva, en la medida en que se evitan las causas que generan violencia, también disminuiría considerablemente las situaciones dolorosas de personas en prisión. El mensaje de paz, de perdón y de reconciliación que nos trae el Santo Padre, es sin duda una esperanza de liberación del hacinamiento existente actualmente en nuestras cárceles, producto de nuestros propios conflictos y desencuentros, a los que estamos llamados a dar el primer paso para superarlos.

Es necesario agradecer el trabajo abnegado y a veces heroico de los voluntarios y misioneros, que juntamente con capellanes y animadores de la pastoral carcelaria, nos dan ejemplo en el cumplimiento de esta obra de misericordia por Jesús mismo testimoniada.

Con mi fraterno saludo y bendición.

+ Ismael Rueda Sierra

Arzobispo de Bucaramanga

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